jueves, 27 de junio de 2013

Estación - Capitulo I

Capítulo I
Retardos y Zapatillas





La vida es aquello que te pasa
Mientras estas ocupado haciendo otros planes
John Lennon



El reloj marco las tres de la tarde, el día para Oliver había sido un poco menos pesado que el anterior,  llevaba dormido casi dos horas después de clase, de su prácticamente única clase del día. Esa noche Oliver como todas las noches de Jueves, se había reunido con Miranda, su mejor amiga; tenían una vieja tradición desde niños en la que las noches de jueves se reunían a mirar películas de horror hasta pasada la madrugada y embotándose de chucherías.

Esa mañana, Oliver había olvidado el despertador y se había encontrando a si mismo haciendo un tiempo record, mientras se levantaba de un salto y llegaba a la ducha, solo para salir de ahí más rápido de lo que jamás había esperado, se había encontrado con una camiseta de color gris, unos jeans a medio usar y una sudadera de los medias rojas, había metido los pies en las zapatillas converse sin siquiera calcetines y salió volando de su habitación en la residencia compartida, cruzando el campus a toda velocidad con el cabello empapado, sólo para lograr escabullirse dentro del aula de clases y encontrar a Ed haciéndole gestos obscenos y burlándose de él por haber llegado tarde.  Pareciera como si nadie hubiera siquiera notado su retardo, el profesor continuo como si le molestase menos que el aleteo de una mosca, Oliver se hizo paso hasta sentarse junto a Edward, aún con las miradas de fastidio en la cara de algunos compañeros cuando casi caía encima de ellos y las gotas de su cabello se escurrían sobre las notas de estos.

Edward Harris era el mejor amigo de Oliver desde toda la vida, era de hecho prácticamente su familia, toda ella desde que hace 15 años los padres de Oliver fallecieran en un atentado en Londres, fue entonces cuando la familia Harris, allegada a los Harrington, tomo bajo su tutela al menor, desde entonces Ed y OIi habían sido prácticamente hermanos.

Oliver dio un golpe en la nuca a Edward luego de haber tomado asiento en el sitio a su lado -¿Te parece gracioso?- mascullo por lo bajo, mientras Ed apretaba los labios intentando evitar soltar una risilla sonora. -¡Casi no he llegado por culpa tuya!- le reprendió Oliver en un murmuro, mientras Ed luchaba con todas sus fuerzas por evitar reír en voz alta, y su rostro pálido se ponía de un color tomate intenso, -Tienes que admitir que fue una jugada limpia - Añadió el chico finalmente intentando inhalar a profundidad mientras su rostro comenzaba a volver a su color natural -Además, tú tienes la culpa, si tan solo me hubieran invitado a embriagarme con ustedes...- Oliver levanto un dedo en gesto de amenaza y estaba a punto de hablar cuando de pronto una voz desde el frente llamo la atención de ambos chicos -Señor Harris, Señor Harrington, si hay algo más interesante que debatir en este momento, que mi clase a todos nos gustaría que nos lo hicieran saber - La voz del profesor era dura, aun que no sonaba verdaderamente molesto, era el primer strike, algo así como la primera llamada de atención, y Oliver sabia que como en el béisbol al Señor Blagden le quedaban un par de oportunidades antes de ponerse de verdad molesto y sacarlos arrastrando del aula. Asintió con la cabeza y echo la cabeza al frente mientras abría sus notas, dejo una hoja en blanco y comenzó a escribir, fingiendo estar atento continuo en una voz casi inaudible - Miranda y yo no nos embriagamos, tu mejor que nadie lo sabe - el chico apretó los labios en una fina línea recta y siguió tomando nota, mientras el profesor les miraba de reojo, como si evaluara que todo estuviera tranquilo de nuevo, y al notar que al parecer así era, prosiguió con su clase olvidando la llamada de atención, como en otras ocasiones.

-¿Cuándo dejarás de ser tan marica? - susurro de pronto Ed, mientras recargaba los codos sobre la mesa y miraba de reojo a su amigo quién mantenía la mirada hacia abajo mirando sus notas -No sé de qué carajos hablas- contesto y desvió de las notas la mirada un poco solo para girar la cabeza evadiendo el comentario del otro muchacho. -No finjas que no me doy cuenta de lo que pasa con Miranda - continuó el chico mientras la mirada de Oliver volvía a las notas, y este levantaba ligeramente los hombros en señal de un suspiro -No hay nada con Miranda - contesto finalmente al cabo de unos segundos.

-Hay por el amor de dios!- exclamo Edward ligeramente exagerado y en un tono ligeramente más alto de lo normal, el Señor Blagden y el resto de la clase giraron la cabeza al mismo tiempo hacia donde el chico que además acababa de estrellar la palma con la mesa, se ponía en un color  escarlata al notar las miradas de todos sobre si, todos excepto por Oliver que parecía ni notarlo.

-¿Señor Harris?- La voz del hombre en el podio era dura pero esta vez mostraba un poco de irritación -¿Acaso no está de acuerdo con Ruskin?, porque de ser así me interesaría bastante escucharlo debatir la próxima clase - El hombre levanto las cejas, su gesto indicaba que se sentía complacido, Ed trago saliva y asintió -Así será Señor Blagden- , tras sus palabras, el hombre exhalo satisfecho y continuo con su clase, Ed meneo la cabeza en negación, sabiendo que ahora tendría que estudiar encima a sus deberes para poder debatir en con respecto al porque parecía estúpido decir que el aspecto de un edificio podría contribuir a la salud de una persona.


El chico suspiro con fuerza y lo anoto en el margen de su libreta, resignado a que Oliver pudiera decir más nada; la clase transcurrió sin demasiadas novedades y finalmente luego de varios minutos Oliver giro la cabeza y en un susurro dijo -Se lo diré esta noche...- Ed giro la cabeza con el ceño fruncido como si no entendiera por completo las palabras del chico -¿Qué?- pregunto alargando demasiado la palabra, -A Miranda, voy a decirle lo que siento, lo que siempre he sentido por ella- Contesto Oliver mostrando demasiada pasión en sus palabras, entonces de repente y sin aviso la clase entera pego un salto y todos miraron hacia donde estaban los chicos al momento en que Edward yacía de pie con los brazos extendidos hacia el cielo luego de haber gritado - ¡Aleluya!-, posterior a eso el Señor Blagden con la cabeza calva completamente roja y mirándolos con ojos asesinos grito - ¡Fuera de mi clase ahora!-


Al termino de las clases los pasillos se abarrotaron de gente, aun que Joanne decidió esperar un poco más antes de salir del aula, habían pasado más de veinte minutos cuando decidió que quizá ahora todos se habían marchado, puesto que al parecer el campus completo se encontraba más animado que nunca y es que la fiesta de bienvenida a los novatos sería esa tarde y todos los novatos estaban ansiosos por disfrutar de su primera fiesta universitaria.

Joanne cerro el libro que estaba leyendo y se levanto de su asiento con un movimiento grácil y femenino, llevaba un vestido color marfil de corte en triángulo con detalles de diminutas flores en un amarillo casi imperceptible que le llegaba justo a la rodilla, había usado vestidos y faldas casi toda su vida y sabia sentarse o levantarse sin arrugar ni un poco la falda, cosa de la que se sentía orgullosa. Salió del aula notando que aún había uno que otro novato por allí al parecer sondeando los pasillos y ubicando en donde se encontraría cada aula, y no los culpaba, ella misma había intentado memorizar la ubicación de cada cosa en los planos que Henry, su hermano mayor le había dibujado, así evitaría tener que avergonzarse al llegar un día a la clase equivocada. 

Camino sin prestar demasiada atención a nadie en especifico, al salir del edificio miro el marrón y el dorado esparcido por todas partes y se sintió maravillada, era una visión muy hermosa dentro del campus de Harvard, además el clima estaba templado y hacia un día hermoso pese a que el otoño prácticamente había comenzado, decidió entonces sentarse en una banca metálica desteñida y continuar con su lectura, a esta hora muchos chicos estaban ya seguramente preparándose para tomar partido a la noche en Cape Cod, otros incluso estaban llenando sus vehículos con artículos playeros, cervezas y otras cosas para pasar el fin de semana completo tras la fiesta, era como si el campus completo a excepción de ella misma, estuvieran emocionados por participar. Prosiguió su lectura restándole importancia al mundo, no era que fuera una fanática de los libros, pero tampoco tenía demasiados amigos ahora a excepción de estos, así que pasaba la mayor parte del tiempo con las narices metidas detrás de alguna que otra novela, le gustaban las de misterio aun que era una chica y claro estaba, tenía una debilidad mayor aún por las románticas, estaba tan entretenida en su lectura que no notó de pronto cuando alguien se acerco -Nunca imagine que Joanne Everhartt pudiera leer algo tan soso como eso - El chico que estaba de pie frente a ella señalo el libro con un dedo, era alto de cabello castaño, piel bronceada, nariz respingada y ojos color jade. Bastante guapo a consideración suya, Matthew Clarke, era alumno de cuarto año en la escuela de medicina y desde el primer momento en que ambos se toparon a Joanne le había parecido fascinante, salvo por un detalle, pareciera como si Matt hubiera sido programado genéticamente para aborrecerla, aun que ella no entendía la razón, o quizá simplemente su manera de ver la vida, siempre debajo de sus exigencias y caprichos propios le cegaban, evitando que ella notara que no era el chico quién la alejaba sino por el contrario, era la chica quién altivamente alejaba a todos de ella sin comprenderlo del todo.

Joanne tenso los labios en una fina línea mostrando su enojo, aun que fue por un momento tan mínimo que el gesto casi lució imperceptible y por el contrario de lo que otra chica hubiera contestado, ella de pronto cambio la expresión divertida y altanera para contestar en tono de burla -Sosas, como las chicas de tu preferencia.... - al ver que el chico se limitaba a poner los ojos en blanco la chica siguió, su ataque fue similar al mordisco de una serpiente -Por cierto, hablando de cosas sosas y tu noviecita Elizabeth, ¿Qué se siente ser la burla del campus, cuando todo el mundo sabe que el jugador estrella del equipo de básquetbol lleva una cornamenta inmensurable?- el chico de pronto la miro con un gesto de frustración al tragarse todos los insultos que le venían a la mente para poder contestar a la chica, finalmente soltó - Puedes parecer un ángel Joanne Everhartt, pero tu alma está podrida y jamás evitarás dejar de ser una bruja -

El chico se dio la media vuelta y se fue de ahí dejando a la chica mirándolo altanera y soberbia sin contestar una palabra. Finalmente, Joanne se levanto, tomo el libro y lo arrojo con toda la fuerza que fue capaz contra el tronco de un roble que se alzaba por detrás de la banca en donde segundos antes había estado y camino a toda prisa hasta el interior de su  residencia.

Al abrir la puerta del minúsculo departamento de estudiantes, Joanne se dejo caer contra la puerta con un nudo en la garganta y la ira en la boca del estómago, estaba claramente ofendida por el trato que había recibido de Matt, aun que no esperaba más después de las palabras que le había tirado en cara al chico.

Meses antes, cuando Joanne había llegado a Harvard para tomar su entrevista con el decano, había conocido a Matt, le había parecido un tipo agradable, guapo, inteligente y perfecto, se encontraron un par de veces después de ese día y Joanne se sentía claramente emocionada al respecto, incluso casi por un momento ella se sintió capaz de dejar caer abajo el caparazón de frivolidad y mostrarse como verdaderamente era, y fue luego el día que por fin recibió su carta de aceptación que llamo a Matt para darle la nueva y acordaron encontrarse en Newbury cuando, este le presento a Elizabeth la chica con quién aparentemente había estado saliendo durante los últimos dos años, y de quién más tarde descubriría, se había hecho una reputación en los últimos meses.  Joanne era caprichosa y estaba acostumbrada a salirse con la suya, por lo que lo de Matt fue suficiente para que en cuestión de nada, la chica sacara las garras aprovechando cualquier oportunidad de reproche contra el chico. Jessie, su mejor amiga le había indicado más de una vez que no era sano para ella encapricharse con Matt y tomarla contra Elizabeth, si bien era sabido que ella era una zorra, Joanne solo lograba intensificar la imposibilidad de una oportunidad cuando Matt por fin cediera a dejar a su novia.

Aún estaba ahí tragando la bilis cuando su móvil comenzó a sonar, lo busco rápidamente entre el bolso de libros y contesto. Siempre pasaba los mismo cuando estaba molesta o triste, solamente el escuchar la voz de una persona en el mudo era capaz de brindarle la fuerza y el consuelo necesario, Henry su hermano mayor se había graduado hacia unos meses y ahora trabajaba en el centro financiero junto a su padre, siempre había sido protector con Joanne pese a su difícil carácter; Llamaba para recordarle que esa noche habría una "reunión" en Cape Cod con motivo de dar la bienvenida a los novatos y ella no podía darse el lujo de no presentarse, puesto que en primer lugar era una novata, y en segundo él tenía que darle una noticia, le dijo que una sorpresa la esperaba en su habitación y que esperaba le agradara, además de indicarle que un chico de su "Aprobación" pasaría a recogerla esa tarde y que era mejor que comenzara a prepararse.

Tras colgar el teléfono, Joanne se dirigió a su habitación y no pudo evitar sonreír al encontrar una caja con un enorme moño color rosa encima del envoltorio plateado, olvido por completo el incidente con Matt al momento de levantar la tapa de la caja y encontrarse con una nota

Con los pares que ahora tienes, podrías mantener un país del tercer mundo, pero como sé que entrarás en pánico por no tener un nuevo para esta noche, me he tomado precauciones.
    - H


Puso los ojos en blanco y removió las capas de fino papel que protegía el contenido, unas zapatillas con tacón de doce centímetros en un estampado de serpiente color turquesa. Reconoció la firma Jimmy Choo de inmediato, pues ya tenía docenas más en su closet. 

Prólogo

LA ESTACIÓN

Caroline M. Gallard



"Él no planeaba encontrarla, ella era todo lo que él detestaba, pero aun así se embarcaron en el mismo viaje en la búsqueda de sí mismos y el descubrimiento del verdadero amor”


  


Vamos a despertar la canción del presente,
 Para no perder el tren de la eternidad.
Este es el viaje más terrible y más maravilloso,
 El más delicioso, el más absurdo, el más alucinante.

Facundo Cabral







Massachusetts, 2 de Abril 2010

El aire se sentía helado todavía pese a la inminente llegada de la primavera, pareciera que esta se estaba "retrasando a propósito" pensó Oliver. El aguanieve se escurría por las aceras y era inevitable no prestar atención a la humedad en la ropa y el frio en los calcetines, la calle estaba semi-desierta y ya era tarde, el sol no tardaría demasiado en ocultarse.
El chico, Oliver Harrington era alto, delgado y de cabellos oscuros y estaba sentado en una banca mojada del lado de la acera sobre Broadway Street, su mirada oscura estaba fija en el escurrimiento del hielo sobre la acera, llevaba solamente la camiseta  y aún que la temperatura estaba descendiendo gradualmente, no mostraba indicio alguno de tener frío pese a que solamente llevaba puesta la delgada camiseta de deportes, se mostraba cansado, la gente que pasaba cerca del lugar no parecía poner la menor atención en el chico demente que estaba con una camiseta desmangada pese a la tarde helada de comienzo de primavera, pero él tampoco parecía notar nada, estaba completamente hundido en sus pensamientos, torturándose con fantasías inciertas con respecto a su futuro, a lo que hubiera podido albergar si sus decisiones hubieran sido diferentes a las tomadas hasta ese momento, pensaba en muchas cosas, su cerebro lo torturaba una y otra vez mostrándole destellos de imágenes, unos ojos claros, una piel como la nieve, la chica de cabello castaño danzando debajo de la lluvia, su sonrisa e incluso sus pecas, el calor de su cuerpo recostado sobre él, sus diminutas manos entrelazando las de él, la arena en la playa y el ardiente sol lastimándole los ojos, y ella... ella sobresaliendo del agua como un ángel que emerge de una fuente, ella con sus brazos al rededor de su cuello, ella besando sus labios, ella mordiendo un mechón de su fino cabello castaño mientras él la miraba de reojo sentados frente a frente en una diminuta mesita en una cafetería en Cabo, ella bañada de luz de luna con un vestido blanco con un largo escote en la espalda, ella besando sus labios, él tocando su cuerpo con sus manos con una delicadeza excesiva, ella suspirando sobre su cara mientras las ropas caían al suelo, él y ella fundiéndose en uno mientras la luna y el mas eran su única compañía y guardaban su amor.

Del otro lado de la calle un automóvil se estacionaba sin demasiado cuidado quedando demasiado cerca de un furgoneta, la puerta de abrió de golpe y la chica que bajo del automóvil tuvo que esquivar a otro automóvil que paso junto a ella y estuvo a punto de arrollarle, la chica miro de reojo el lugar y encontró a Oliver con la mirada, abrió de nueva cuenta la portezuela del auto y saco una bufanda larga d color crema, cerro el auto y se apresuro a correr hacia donde el chico; el único ruido en el lugar era el repiqueteo de sus zapatillas altas contra el asfalto. Al llegar junto al chico se deslizo con cuidado enrollando sus brazos alrededor del cuello de este, ella era una chica muy guapa, alta delgada y elegantemente bien vestida con una gabardina Inglesa, Jeans y unas zapatillas de punta con tacones de alrededor de doce centímetros, su piel tenía un toque color dorado que se volvía rojiza tiñendo su nariz y sus pómulos por lo helado del clima, su cabello color chocolate caía en suaves ondas al rededor de sus hombros. Oliver no la miro siquiera al momento en que ella arremetió contra él con un abrazo lleno de fervor, pero el rostro de Oliver carecía de expresión y su mirada se encontraba aun vaga para ese momento.
-Te he estado buscando por horas, recorrí media ciudad y hay otros que aun te está buscando- musito la chica mientras sacaba de un tirón la bufanda y se la enroscaba con suavidad al chico sobre los hombros, él continuaba impasible, absorto y perdido en sus recuerdos, pero las palabras brotaron de sus labios con un susurro de ronca voz - Se fue...-, por primera vez en horas él chico decía unas palabras y su aliento cálido resaltaba como una nubecilla blanca en contraste al frio clima de la ciudad.