jueves, 11 de julio de 2013

Estación - Capitulo IV

Capítulo IV 
Esperanza  

Nadie conoce toda la amargura de lo que aguarda en el futuro. Y si de pronto apareciera como en un sueño, la negaríamos apartando los ojos de ella. A esto le llamamos esperanza. 
Elias Canetti 
  
La Hoguera estaba encendida y no había nadie ahí, pero daba la sensación de que la gente que la había encendido había percibido la idea de hacer su propia fiesta en la orilla y había algunas bengalas gastadas y tiradas en la arena, aun que por la dirección hacia donde se notaba que habían arrastrado las hieleras y las bengalas que comenzaron a salir lanzadas desde la casita azul donde estaba la fiesta, tanto Oliver como Joanne estaban seguros de que les había hecho cambia de parecer.  
Oliver arrastro una manta que se encontraba enroscada en la arena, al parecer decidieron dejarla allí luego de notar que no les haría falta en su nuevo destino, y se la tendió sobre los hombros a Joanne quién se había sentado cerca del fuego. La chica le miro sentarse a un lado, pero no lo suficientemente cerca como para siquiera tocarla -Gracias - musito ella y Oliver curvo ligeramente las comisuras de los labios sin llegar a ser una sonrisa, el chico levanto las rodillas, plantando los pies en la arena y cruzo los brazos alrededor de estas mirando el fuego.  - Joanne Everhartt - El chico giro la cabeza hacia la chica quién avergonzada y envuelta en la manta hablaba -Me llamo Joanne Everhartt- Oliver abrió la boca - Oliver Harrington -  estiro la mano para tendérsela a la chica, quién le mostraba media sonrisa aún que su rostro no denotaba felicidad. - Gracias por salvarme de una congelación, Oliver Harrington - repuso esta y se movió hasta llegar a junto del chico, se recargo en él y le paso el brazo encima cubriéndole con la manta, luego se separo ligeramente avergonzada - No deberías de estar helándote tampoco-  repuso ligeramente ruborizada, pero el rostro de Oliver se mostraba inexpresivo, era como si el peso del mundo cayera sobre él, había pasado la noche entera evitando pensar en Miranda pero ahora por fin caía en cuenta de que la chica a la que amaba estaba con un petulante, idiota y millonario.  
Joanne giro la cara mirándolo con curiosidad, el cielo era negro y se perdía con el mar, era como si estuvieran frente a un gran vacío plagado de estrellas, Joanne suspiro - ¿Cómo es ella? - pregunto sin dejar notar ninguna emoción, y Oliver la miro - ¿Quién?-  
La mujer, estas así por una chica.... ¿Cómo es ella? - Oliver suspiro y estiro las piernas mirando a Joanne mientras resoplaba ligeramente, virutas de vapor salieron de entre sus labios - No hay ninguna chica - explico él, aunque -Ya no hay ninguna chica - era lo que en realidad quería decir. - Oh...- Joanne se llevo la mano a la boca antes de soltar un estornudo, Oliver sonrió de medio lado -Supongo que creerás que valían la pena -, ahora fue la chica quién le miro sin entender - Me refiero a tus zapatos - señalando los pies desnudos de la chica - Digo... estas empapada y seguramente te vendrá un resfriado, y todo por un par de zapatos! - puso énfasis en lo último como si le quisiera hacer entender que era una locura.  
Ella hizo una mueca, claramente ofendida -Lo valían- exclamo de pronto -Eran Jimmy Choo, y sólo  hay 300 pares en el mundo - Oliver sonrío y se paso una mano por el cabello húmedo -Bueno, entonces suertudo cualquiera que sea el naufrago que los recoja - bromeo un poco y entonces gracias al fuego pudo distinguir mejor el rostro de la chica, si había pensado que era bella a la tenue luz de la luna, ahora estaba mucho más seguro de que "Bella" no era adjetivo suficiente para describirla. Su piel era blanca y con ligeras pecas rojizas en los brazos, su figura era esbelta y delicada y su rostro, aún con la máscara de pestañas corrida por los ojos, era hermoso.  Ambos se miraron durante un momento en incómodo silencio, entonces Oliver no aguanto más y hablo -Así que …. ese hermano tuyo debe ser todo un caso ¿no? - la chica resoplo - y Que lo digas... -  
-Pero, lo que no entiendo....- continuó Oliver jugueteando con la orilla de la manta -es ¿Por qué si te molestaste tanto con él, simplemente no te fuiste? - Joanne lo miro de repente y sintió que el rubor le subía por las mejillas -No tenía como...- dijo - No he traído mi coche y el campus esta muy lejos, además no conozco el camino - reconoció al fin la chica, Oliver sonrió divertido y recordó de nueva cuenta la primera impresión que le causo Joanne, similar a un gato e irónicamente pensó que no podría ser un gato, un gato rara vez no encuentra el camino a casa.  
-¿Qué es gracioso? - pregunto la chica de repente y Oliver negó sacudiendo la cabeza - Nada, es que ¿Escuchaste el chiste donde un hombre desea deshacerse de su gato, lo pasea por la ciudad e intenta abandonarlo, pero el gato siempre vuelve? -los ojos de Joanne se abrieron como Platos -¿Me estas comparando con un gato?- pregunto en un tono alarmado - No!, no es sólo que …..- Oliver se interrumpió en un ataque de risa y entonces la chica se enfureció -Eso no es ni un poquito gracioso, además es irrespetuoso!- le reprocho, en otras circunstancias sin duda se habría levantado, lo habría abofeteado sin embargo menguo su ira y se levanto lo más seria que pudo, comenzó a andar cuando la voz del chico detrás de ella hablo - Espera por favor.... no lo decía en serio... yo, usualmente suelo tener un filtro para esa clase de comentarios pero es que ….- bajo la cabeza y soltó una exhalación mientras se tallaba los ojos con las palmas, Joanne se sintió un poco culpable por exagerar, era extraño que sintiera compasión por las personas que no eran de su familia, siempre había sido fría y práctica y prefería no involucrarse demasiado pero algo en el tono del chico le hizo quedarse, -esta bien...- respondió al fin con los brazos cruzados sobre el pecho, el cuerpo le daba sacudidas involuntarias a causa del frío, se agacho para tomar una rama y echarla a la hoguera que continuaba ardiendo a pesar de la humedad y el fuego lanzaba reflejos verdes y azules a causa de la sal, al ponerse en pie, se encontró con Oliver cuyos brazos estaban extendidos hacia ella con media sonrisa de disculpa en los labios, sin saber exactamente por que se acerco al chico que ahora estaba además en pie y se dejo abrazar, como si fueran amigos de toda la vida y se estuvieran reencontrando después de una larga ausencia, la chic rodeo el cuerpo de Oliver con sus delgados brazos sintiendo el calor de este, pero para ese momento tenía tanto frío que no le importo lo impropio que pareciera el estar estrechada contra el cuerpo de un desconocido pero aún sentía el cuerpo congelado y además por alguna extraña razón, era el primer momento en toda la noche en el cual no se sentía pesada e incómoda. 

Sin decir más palabras ambos se sentaron nuevamente frente a la hoguera mirando pasar las estrellas y avanzar la noche, hasta que finalmente, luego de un rato Oliver sintió el peso de Joanne descansar sobre su cuerpo, se giro y encontró a la chica dormida profundamente, paso el brazo por su espalda acomodando la húmeda manta sobre ella, le pareció que bajo la luz de las estrellas y el reflejo del fuego, Joanne era aún más bella de lo que ya había jurado, además la serenidad en su rostro le producía una tranquilidad que no creía haber podido encontrar, no esa noche luego de la decepción y del dolor y de la traición y de toda la horda de emociones que había caído sobre el después de enterarse de la relación de Miranda. No necesitaba una charla de desahogo, ni siquiera la había tenido además no conocía a Joanne, jamás antes la había siquiera visto y estaba literalmente durmiendo con una extraña pero aún así por primera vez en mucho tiempo y sin saber exactamente como, Oliver al mirarla sintió un poco de esperanza, cerro los ojos y soñó. 

A la mañana siguiente Oliver despertó acostado en la arena con la cara llena de tierra y se encontró de cara a un hoguera extinta, sintió la cabeza pesada y el sol le ardió en los ojos además de que le ardía el estómago y sentía la boca seca a causa de la resaca.  Al principio le costo un poco aclarar la cabeza y saber en donde estaba, luego al recordar la noche anterior sintió la bilis en la boca y termino devolviendo el poco contenido de su estómago en la arena, después se dejo caer nuevamente mirando alrededor, había tiradas botellas de alcohol vacías, recordó entonces también haber encontrado a Joanne, miro a su alrededor pero no había ni rastro de la chica, así que se cuestiono a si mismo si quizá todo habría sido una ilusión a causa del alcohol, no sería la primera vez que pasará por algo así, aún que hubiera sido agradable después de todo el haber abierto los ojos y encontrarse con el bello rostro de la mujer imaginaria. Se levanto y hecho a andar de camino a la casa, esperando encontrar su automóvil, el camino estaba aún más lleno de botellas vacías y al parecer no era le único incauto que había pasado la noche tirado de borracho en la arena, al menos él estaba con ropa. Siguió sin prestar demasiada atención a nada, noto entonces que la  suburban aún se encontraba en el aparcamiento y ya no tuvo ni la menor duda de quién era el dueño. Se metió a su auto y abr la guantera, se puso los lentes de sol y hecho a andar el motor para regresar a su departamento, esperaba que Edward tuviera al menos una buena anécdota que contar para poder al menos distraerlo de ese asunto con Miranda. 

lunes, 1 de julio de 2013

Estación - Capitulo III

Capítulo III 
Mar, arena y accidentes 

























¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán y vendrán a tiempo. 
Amado Nervo 

Oliver estaba sentado al fondo del Salón, hacía un rato ya que había decidido escapar de Miranda, quién se empeñaba en intentar obligar al chico y a su nuevo novio a cruzar palabra y compartir anécdotas, aún que rápido era de esperarse a ninguno de los dos le apetecía conocer más profundamente al otro.  
Intento dar con Edward, pero hacía ya un rato que el chico estaba perdido para él, no había ni conocido aún a su acompañante pesé a que la ultima vez que se había topado hacia veinte minutos con Edward este le había mencionado de manera muy animada que "Tenía que conocer a Emma, el ángel más encantador del lugar", Oliver suspiro y bajo el brazo donde sostenía una bebida encima de una mesita de apoyo, Oliver no podía sacar de su cabeza la imagen de Miranda, Miranda con Henry y luego Miranda besando a Henry y este acariciándole las piernas desnudas a la chica mientras ella reía tonta y ebria ante los aparentes encantos de aquel otro.  
Por un momento se sintió asqueado, ¿Qué podía tener aquel tal Henry que no tuviera él?, la respuesta aparente salió a relucir cuando de repente al centro donde se encontraban los susodichos  todo el mundo giro la cabeza y levanto la copa, el chico se acerco más buscando la razón del alboroto y entonces al estar lo suficientemente cerca como para poder mirar por encima de la cabeza de Nancy Wellington logró percibir que el origen era Henry -Quiero dar un brindis, por que esta noche estoy feliz de anunciarles a todos que esta bella dama - levanto a Miranda ofreciéndole una mano, esta miro tontamente y se sonrojo aún que era más que aparente el efecto del alcohol en ella - Me ha inspirado para hacer el negocio de mi vida y ahora mismo he ganado cuarenta millones de dólares! - levanto la mano que se encontraba libre al cielo con todo y el vaso rojo, mientras giraba el cuerpo besando de manera casi inmoral a la chica, Oliver sintió un golpe seco en la boca del estómago así que se giró y salió de ahí, al tiempo que Henry la soltaba y señalaba a alguien entre el gentío -  Ya esta, Hermanita ¿Escuchaste eso? !CUARENTA MILLONES! - Henry comenzó a reír como idiota, obviamente alcoholizado y apretó contra sí aun más a Miranda. 

*** 

La incomodidad de Joanne era notable, al llegar a la fiesta pensó que después de todo no sería tan malo, pero al cabo de un rato Henry, su hermano mayor le había llevado hasta el centro de una sala rodeada de personas sudorosas y alcoholizadas, -!Estas aquí hermanita! - el chico la había rodeado con sus enormes brazos y le había plantado un beso en la coronilla, luego le había presentado a alguien  - ¡ven aquí!. dije que había algo importante que deseaba compartir contigo - la llevo hasta donde una chica ligeramente más alta que ella, ataviada en un ligero y corto vestido de color púrpura y zapatillas altas a juego, se encontraba. La chica era muy guapa, pero no de la clase de chica que es sólo "Guapa", esta derrochaba sensualidad, casi como si la hubieran sacado de una revista de lencería, con sus exuberantes y bien proporcionadas curvas. Sus ojos eran azules, mucho más oscuros que los de ella o Henry, tenía hoyuelos en las mejillas cuando sonreía y la piel ligeramente teñida de un extraño color dorado , era como si toda ella brillara, por un momento incluso sintió una punzada de envidia. -Miranda ven aquí, ella es Emmalina, mi hermana menor , y la segunda mujer de mi vida - La chica sonrió de pronto con una sonrisa perfecta y amistosa, Joanne no pudo evitar quedarse mirando a la muchacha -U... un gusto, aún que prefiero que no me llames por mi nombre completo - sugirió la chica mientras quitaba la vista de encima de Miranda sintiéndose un poco indiscreta.  
La chica la abrazo en un gesto que sorprendió a Joanne - Henry me hablo mucho de ti "Emma"- dijo de pronto haciéndole un guiño, Joanne miro a su hermano con cara de buscar ayuda y finalmente este dijo -Bueno, supongo que no lo mencione y pido una disculpa por ello, pero Miranda y yo hemos estado saliendo y me haría mucha ilusión que mi hermana y mi novia se hicieran amigas - Joanne sonrió casi sin ganas, se empezaba a sentir incómoda ¿Qué faltaba? ¿Henry le pediría también que la llevará de compras?, Henry comenzó a narrarle a Miranda una anécdota sobre como Joanne había tenido fobia a los caballos y esta se limitaba a sonreír a medias, hasta que al cabo de un rato Edward como caído del cielo volvió por ella, al parecer Edward y Miranda eran familia, eso hizo que Joanne entendiera por que específicamente él había sido el compañero "Aprobado" por su hermano.  
El resto de la noche Joanne decidió estar lo más lejos posible de su hermano y su nueva cuñada quienes al parecer disfrutaban de su amor entre besos y alcohol, y poco a poco comenzó a aburrirse, luego de un rato Joanne decidió que no quería bailar y animo a Edward a que bailara con una chica de aspecto grácil que se acerco a él como una vieja conocida sin importarle que el chico y ella estuvieran juntos en la fiesta.  El colmo fue cuando de repente Joanne noto a su hermano solicitando un improvisado brindis como era evidente ya pasado de alcoholes y montando un espectáculo digno de él en el centro de la sala, a Henry siempre le había gustado ser el centro de atención y en ocasiones eso podía desesperar a la chica quién se mantenía cruzada de brazos al fondo con mala cara y menospreciando a cualquiera que se acercara a pedirle acompañarle a la pista - ¡He dicho que no me interesa ningún perdedor en esta fiesta ! - le recalco a un chico de rizos oscuros que se había recargado a su lado, y cuando este intento replicar la chica levanto las manos frente a si como para protegerse y cruzo la sala a empujones, llegando hasta la puerta. 

*** 

El fresco de afuera era un gran alivio en contraste al calor de los cuerpos aglomerados en el interior de la residencia, el cielo estaba oscuro mostrando solo las pequeñas luces plateadas de las estrellas reflejadas en el agua, y solo de vez en cuando Oliver lograba captar el destello del faro al pegar la luz contra las rocas. 

Estaba sentado en la arena, justo a la orilla de la playa y el agua le golpeaba constantemente por lo que estaba completamente empapado hasta la cadera, estaba con las piernas estiradas hacia el frente y deteniendo el cuerpo en el brazo izquierdo mientras que el derecho sostenía una cerveza que de vez en cuando llevaba hasta sus labios; no notó cuando de pronto una figura se movió a su derecha, él había jurado estar sólo pero de pronto la luz del faro golpeo la playa y pudo vislumbrar una silueta femenina, con el ligero vestido ondeando al viento y mirando al mar, con los brazos cruzados en el pecho, Oliver se incorporo de pronto y miro a más detalle asombrado. La figura era esbelta y la luz del faro al golpear su piel le hacía brillar como si fuera de plata, la chica giro la cabeza y le miro durante un instante, el respondió a su mirada mientras acortaba la distancia pero ninguno de los dos dijo nada.  

Al estar más cerca Oliver logró percibir los rasgos de la chica, quién le miraba con ojos fieros, ella lucía justo como debían lucir los mismos ángeles, su hermoso rostro parecía como esculpido sobre marfil, blanco, frío y delicado pero a la vez cruel. -¿Le ha enviado mi hermano? - La voz de la chica sonó  altanera y a manera de reproche, Oliver meneo la cabeza confundido -¿perdón? - 

- Mi hermano, si acaso le ha enviado él, vaya y dígale que no pienso regresar a mirar como se humilla al frente de esa gentuza -  

Oliver suspiro, sin entender todo y vio a la chica apretar más los brazos contra el pecho, entonces él mismo sintió un escalofrío recorrerle la mitad empapada del cuerpo, y entendió el gesto de la chica, hacía frío, considerablemente ya la temperatura debía haber bajado al menos diez grados desde su llegada -No sé de quién me hablas - contesto el chico levantando las manos en gesto inocente.  - Pues entonces largo de aquí - respondió la chica en tono cortante - No tienes derecho a echarme- contesto Oliver - Estados Unidos es un país libre, y si quiero embriagarme y caminar por la orilla de esta playa puedo hacerlo - Oliver siguió caminando mientras agitaba en alto su cerveza y le daba un trago, la chica entonces se abalanzo contra él, le arrebato la botella y dio un trago largo y profundo, luego hizo un gesto de asco y le estrello la botella contra él pecho a Oliver, este tomo la botella mientras miraba de pronto sorprendido como la chica se llevaba las manos al rostro dejando caer las zapatillas que sostenía por las cintas. Por un momento el comportamiento de la muchacha le tomo por sorpresa, luego se sintió un poco culpable, verla sollozar allí frente a un desconocido luego de haber echado palabras duras le hizo pensar en un gato herido, - Disculpa yo … - Oliver temió acercarse, tenía la sensación de que igual que un gato al intentar acercarse a la chica esta le devolvería un zarpazo, trago saliva y aún así lo hizo, paso cuidadosamente su mano sobre el hombro de la chica - Lo siento señorita, yo …- no sabía que decir, la muchacha de pronto levanto la mirada, dejando que el se encontrara con un hermoso par de ojos azules, pero no el azul oscuro y profundo de los ojos de Miranda, este era un azul claro, el azul del cielo sin nubes reflejado contra el mar, "el color de la inmensidad", pensó. 

  - Yo.... - la chica abrió de pronto los labios y los cerro, para luego añadir - Lo siento, no tiene que ser usted quién se disculpe, he sido yo la grosera - se hizo a un lado y Oliver elevo las cejas en gesto de sorpresa - Oh vaya, bueno no me esperaba eso - pensó - No se disculpe - contesto el chico, sorprendentemente cambiando el tono   - Ahí adentro - señalo el caserón azul - Es todo un espectáculo de perdición y tiene todo el derecho a negarse a regresar, si así lo desea -  la chica le miro curiosa de repente, bajo la cabeza y desvió la mirada asintiendo.  - Usted debe creer que estoy loca - exclamo la chica, y suspiro, Oliver se mostró curioso ante ese extraño espécimen femenino, fiero, hermoso, arrebatado y de pronto tan propio, llamándole de "Usted" al desconocido al que le había arrancado la cerveza justo unos segundos antes. 

 El chico miro la botella instintivamente y noto que esta estaba ya vacía, la dejo caer en la arena al momento en que una ola golpeaba tierra y la arrastraba hacia el mar, entonces de repente el sonido de un grito ahogado le hizo girar de pronto justo al tiempo en que la chica se echaba a correr en dirección al agua con desesperación, Oliver no entendió del todo y comenzaba a creer que estaba loca, cuando entonces la luz del faro volvió a pegar contra la playa y notó que la muchacha perseguía algo que flotaba sobre el agua, reacciono de inmediato y corrió detrás de ella, el agua le cubría ya hasta la cintura al tiempo para tomarla por la cintura, justo cuando una segunda ola mucho mayor los golpeo  empapándolos por completo -¡No! - gritaba la chica -!Maldita sea! -  Oliver la sostuvo con fuerza -¡Déjalo ya, no podrás recuperarlos aún que quisieras! - exclamo Oliver quién sin soltar a la muchacha la arrastro de nueva cuenta hasta la orilla, ambos estaban empapados y temblorosos a causa del agua, al tocar la arena Joanne se dejo caer en la arena y Oliver se sentó a su lado, la rabieta había pasado para la chica, que cruzo las manos sobre sus húmedas faldas y se quedo mirando al mar que arrastraba lejos sus zapatillas  - Eran nuevas....- susurro de pronto y Oliver la miro extrañado, sentándose a su lado - Seguro que las encuentras en de nuevo en Newbury en oferta - bromeo el chico, pero ella estaba impasible mirando al frente sin decir más, Oliver notó entonces que esta comenzaba a temblar y el mismo se estaba helando, giro la cabeza alrededor, alguien había encendido un fuego a unos metros de allí, apenas era visible el destello del fuego entre la niebla que comenzaba a inundar el aire, debía ser ya de madrugada, el ruido del interior de la casa se comenzaba a desvanecer y Oliver pensó que quizá  a esas alturas la gente estaría demasiado ebria ya como para seguir bailando. 

 Se levanto y le extendió la mano a la chica -Ven, hace frío- esta hizo un gesto e inmediatamente Oliver añadió - Sé que no quieres volver adentro y dije que no tenías que hacerlo, pero aquí esta helando así que al menos deberíamos buscar el fuego - el chico señalo unos metros hacia donde la hoguera brillaba como una pequeña luz roja entre la niebla, Joanne se levanto aun temblando y apretando un brazo sobre el pecho, mientras que Oliver la tomaba por el otro y la guiaba en dirección contraría a la fiesta. 

Estación - Capitulo II



Capítulo II 
Sorpresas y Chaperones 













El Hombre tiene mil planes para sí mismo. 
El azar, sólo uno para cada uno 
(Mencio) 

Después de despertar y mirar la hora Oliver se levanto de la cama, sintiendo que había descansado ya lo suficiente como para reponer el sueño de la noche anterior así como para también soportar el desvelo de esa noche en la fiesta.  Había llamado a Miranda al terminar la clase, pero ella le había dicho que esperaba encontrarlos a Ed y a él en la fiesta en Cape Cod, puesto que tenía algunas cosas que hacer antes y prefería encontrarlos allí. Oliver se sintió un tanto decepcionado al no ser él quién acompañara a Miranda hasta Cape Cod, pero aún así decidió que no dejaría que eso le desanimara para continuar con sus planes.  
Salió de su habitación pero tampoco encontró a Edward por lo que tomo el móvil para llamarlo pero este tampoco respondía, más tarde recordó que le había dicho que tenía una cita con una chica de primero y pasaría a recogerla para ir a la fiesta "¡Menudo hijo de perra¡" exclamo, mientras se pasaba las manos por el cabello y bostezaba levantando los brazos y estirando los bíceps para despabilarse.  La fiesta sería en una casa en la playa, y como todas las fiestas anteriores a las que Oliver había asistido habría alcohol al mayor, chicas fáciles y nadie tendría cuidado con la etiqueta, al fin y al cabo ¿Quién se preocupaba por la ropa cuando el fin de la fiesta era terminar sin ella?. Oliver se levanto y abrió el closet, saco unos Jeans limpios y una camisa blanca con cuello y botones, se cambio la ropa y dejo a un lado las zapatillas converse para cambiarlas por unos mocasines color caqui, se enjuago la cara y lavo los dientes y después tomo el móvil guardándolo en el bolsillo  de los Jeans antes de tomar las llaves de su Mustang y salir del dormitorio.  
El viaje tomaría unas horas, y para Oliver hubiera sido mucho más agradable con la compañía de Miranda, sin embargo luego de ponerse tras el volante y de conectar el iPod emprendió su viaje hasta el destino. Sabía que era una estúpidas recorrer el estado por una fiesta pero era una tradición  y por menos que lo deseará, su verdadera intensión de acudir a la fiesta era para poder estar con Miranda y confesarle sus sentimientos, el inmenso amor que sentía por ella, el que estaba enamorado de la chica desde la primera vez que notó que ella había dejado de ser una chica para convertirse en una mujer.  Tras la muerte de sus padres y de mudarse con los Harris, Oliver conoció a Miranda, quién además era la prima hermana de Edward, el trío era unido y a menudo sus padres solían permitirles hacer fiestas de pijamas en la residencia de los Harris en su residencia en Weymouth. Oliver y Miranda se convirtieron en mejores amigos, aun que claro esta como tal es de esperarse en esos casos, Miranda siempre pudo ver a Oliver como el hermano que no tenía y este en todo caso termino convirtiendo a la chica en el objeto de su fascinación, Edward sabia que Miranda era el amor platónico de su hermano del alma desde hacía años, aun que Oliver nunca lo había confesado abiertamente y aún así esa noche estaba decidido a darle por terminado al fin a ese secreto.  

    *** 
Joanne se encontraba mirando por la ventana, el viaje se tomaría poco más de una hora, se sentía un poco incómoda en el auto de su acompañante a quién ella poco conocía. Soltó un suspiro y se acomodo en el asiento, se miro el vestido y aliso la falda con las manos, llevaba puesto un sencillo vestido color amarillo con detalles azules que quedaba perfecto con las zapatillas que Henry le obsequio, se miro las uñas, no las llevaba pintadas y estaban un tanto descuidadas a causa de que últimamente se había vuelto a morderlas, estaba inquieta y nerviosa pero no se notaba puesto que era excelente ocultando sus debilidades.  
Esa tarde luego de recibir el regalo de Henry había decidido optar por el vestido amarillo que hacía un perfecto contraste con su piel blanca y su cabello caoba que era más rojo que castaño, Joanne recordaba que más joven odiaba el color de su cabello aún que pensándolo ahora con mayor sensatez, su color de cabello era un regalo para el contraste entre su delicada y blanquecina piel y sus enormes ojos color del cielo; lo llevaba suelto y por encima de los hombros, no solía llevar el cabello largo desde los diez años, cuando su madre le trenzaba el largo cabello para ir al colegio y se había convertido en su habitual tortura; miro de reojo a su acompañante quién lucia divertido a pesar de la falta de conversación, Edward Harris, su hermano Henry pensó que el chico era el menos perdedor  y la mejor compañía que Joanne podría llevar a la fiesta así que ahí estaba. 
El chico era alto, de tez clara y un hermoso cabello rubio ondulado que le caía con suavidad sobre los ojos, los cuales además eran de un intenso color verde, no verde Jade como los ojos de Matt, este era un verde más oscuro, casi gris el color del mar fundido en una tormenta a las costas de Nueva Inglaterra. Tampoco era que desconociera del todo a Edward, lo había frecuentado en varias ocasiones a lo largo de su infancia puesto que sus padres eran socios, pero realmente no existía ninguna clase de relación entre ellos salvo la de cordialidad, Joanne siquiera conocía a la familia completa del chico, pero aun así éste se había mostrado muy cordial con ella y no la había presionado tratando de iniciar una absurda conversación  - Gracias por acompañarme - soltó finalmente la chica, y Ed se limito a girar el rostro, sonriéndole a través de sus gafas de sol, él era guapo, con sus pómulos altos y su rostro delgado y el azul del jersey le hacia lucir muy bien. 

-¿Así que Emmeline? - dijo de pronto el chico mientras llevaba aun el dedo al volante y la miraba de reojo con una sonrisa de medio lado, Joanne se sobresalto un poco y luego giro la cabeza amenizando un grito ahogado -¿Uh?- musito con un hilo de voz -Me refiero a tu nombre, es muy lindo... Emma y Lina son dos nombres muy bonitos pero si los juntas creo que se convierten en un nombre que es perfecto - él solo sonreía para si, y Joanne no sabia si sonrojarse, no sabía si el lo decía de verdad como un cumplido puesto que en secreto ella siempre había preferido que la llamaran Joanne, aun que su familia.. su adorada familia siempre había preferido el nombre de su abuela y el que Edward le llamara Emma no le sorprendía en lo mínimo.  
-Gracias - fue lo único que pudo responder la chica con la voz ligeramente ronca y entonces se miro la falda donde estaba apretando las uñas contra la tela sin darse cuenta. El chico noto la incomodidad de Joanne y apretó los labios en una mueca -No quería incomodarte Emma, lo siento - la chica agito la cabeza -No... no lo haces discúlpame tú a mi, eres tan agradable y te ofreciste a acompañarme y yo.... es que, yo sé que se lo prometiste a Henry, pero no quiero que creas que le debes nada... de verdad entiendo que no soy siempre la mejor compañía, pero me gustaría que no intentaras esforzarte -, la mirada de la chica de pronto se perdió mirando sus manos y sus uñas descuidadas, jugueteaba con las manos en el regazo mientras el chico la miraba con los labios apretados en una línea y sin decir nada, al cabo de unos segundos soltó un suspiro - No lo hago por Henry - soltó y giro el volante para cambiar la dirección del vehículo  y evadir un tramo en reparo donde los autos hacían fila  y los rostros de los conductores mostraban impaciencia ante el lento avance, aun que no se notaba de donde provenía el embotellamiento -La verdad Emma, es que aprecio a tu hermano, pero aún si no me lo hubiera pedido yo habría estado encantado de ser tu acompañante esta noche - soltó y la mirada de Joanne de pronto presto atención al muchacho, -Eres bastante guapa, y yo …. - sonrío -Bueno, la verdad ¿A que chico no le complacería tener una compañera como tú ... quiero decir, eres.... bah! soy malísimo en esto - Ed puso una mueca de decepción, aun que Joanne no pudo contener una sonrisa.  
-¿Así que piensas que soy guapa?- pregunto mirándole de reojo mientras el chico se sonrojaba ligeramente, ella le mostró una sonrisa traviesa que le inspiro un poco de confianza y entonces Ed contesto -¡ Absolutamente !-. 

*** 
El cuadro de colores dibujado en el mar a causa del reflejo del cielo era fascinante, Oliver no podía evitar sentirse tranquilo pese a que minutos antes casi pierde los estribos cuándo un automóvil casi se estrella contra él por intentar cortarle el paso.  Faltaba ya poco para llegar a su destino, había pasado ya el viejo faro y conocía el camino a la perfección, puesto que en los últimos años que llevaba en  Harvard, había terminado ebrio y en ocasiones hasta sin ropa en las orillas de esa salada playa. 
Logro distinguir a lo lejos la vieja casa pintada de un azul desteñido, alguien se había encargado de adornar el camino de entrada con antorchas de jardín y ya se notaban a algunos chicos en el umbral visiblemente pasados de alcoholes. 
Dejo estacionado el auto junto a una suburban oscura de cristales entintados, y por un momento pensó que lucia como el automóvil de una personalidad y que seguramente alguien querría hacer notar más importancia de la real, llegando en un auto así hasta ese lugar. Tras bajar del auto y hacerse paso hasta la casa logro distinguir el auto de Edward y se sintió extrañamente aliviado al pensar que al menos tendría el apoyo moral de su amigo si las cosas fallaban esa noche. 
Al entrar a la casa el olor a cerveza le pego de lleno en la cara, no esperaba que las cosas comenzaran a subir de nivel tan pronto; recorrió el lugar con la mirada y logró vislumbrar a uno que otro conocido, comenzando por Edward quién le ofrecía un trago a una chica que no pudo reconocer ya que el cuerpo de su amigo la cubría casi por completo, pensó que quizá el otro muchacho tuviera suerte esa noche. Camino entre la aglomeración de cuerpos y entonces ahí sentada en un sofá, con un enorme vaso rojo que seguramente contenía alguna clase de bebida espirituosa, estaba Miranda, tenia las mejillas sonrojadas ligeramente, posiblemente a causa del calor, eso era lo que pensó hasta que la chica lo miro, dio un salto y le rodeo el cuello con los brazos -¡Llegaste! - de pronto el alcohol en su aliento hizo retroceder de manera involuntaria al chico -Lo prometí! - exclamo de pronto sacándole el vaso de entre los dedos a la muchacha y elevando las manos hacia el cielo, ella soltó su cuello y rió tontamente - Si …- extendió su afirmación y se llevo el dorso de la mano a la boca, antes de dejarse caer tontamente sobre el sofá de color marfil. 
Oliver se sentó a su lado pasando con cuidado su brazo por la cintura de esta rodeándola, mientras con la otra mano le hacia a un lado los mechones del cabello sudoroso que se le pegaban a la piel -Vaya sorpresa encontrarte así - comento en un tono tan afable y cariñoso como si fuera un hermano mayor y la chica levanto sus enormes ojos azul oscuro hacia él -¿Me vas a perdonar verdad?- pregunto de pronto con los ojos aún más abiertos y el corazón del chico se expandió en un deje de ternura -¿Por beber, o por beber sin mi?, eso no es algo que pueda olvidar fácilmente pero quizá puedas recompensarme - la voz del chico sonaba tierna y con la mano libre aun acariciaba en cabello y el pómulo de la chica, su rostro estaba ya lo suficientemente cerca de ella como para notar su aliento agrio y alcoholizado, ella de repente al notar la cercanía, abrió demasiado grandes los ojos -¡No! - se levanto de un salto como si de repente la borrachera se le hubiera bajado, Oliver se sintió un tanto aturdido pero entonces la chica abrió la boca y justo al momento otro chico de ojos azules como el cielo, tez pálida y cabello oscuro muy corto salio de entre la muchedumbre y tomo a Miranda por la cintura, Oliver se mostró confundido y miro al chico quién estaba vestido de forma elegante y seguramente era mayor que Miranda y que él mismo -Ten bebe esto - le dijo a la chica mientras le pasaba una taza de color marfil, la chica se mostró sorprendida, aun más que Oliver, asintió y bebió mientras se giraba ligeramente y recargaba la mano libre en el pecho del otro muchacho, Oliver noto entonces que entre el elegante vestuario el chico ocultaba además una figura musculosa y más robusta que la de él, casi como un jugador de Americano.  
Miranda bebió el contenido de la taza y le sonrió ligeramente al chico, inhalo de manera exagerada y tras mascullar un "gracias" miro de repente a Oliver como si recién recordara su presencia - Henry quiero que conozcas a Oliver - menciono de pronto cuando los ojos azules del muchacho se fijaron sobre Oli, este aún no lograba atar los cabos completos en su cabeza y entonces como si le tiraran un balde de agua hirviendo el mapa se completo en su cabeza justo unas milésimas de segundo antes de que Miranda terminara de hablar -Oli, este es Henry, Henry y yo estamos saliendo- .