jueves, 27 de junio de 2013

Prólogo

LA ESTACIÓN

Caroline M. Gallard



"Él no planeaba encontrarla, ella era todo lo que él detestaba, pero aun así se embarcaron en el mismo viaje en la búsqueda de sí mismos y el descubrimiento del verdadero amor”


  


Vamos a despertar la canción del presente,
 Para no perder el tren de la eternidad.
Este es el viaje más terrible y más maravilloso,
 El más delicioso, el más absurdo, el más alucinante.

Facundo Cabral







Massachusetts, 2 de Abril 2010

El aire se sentía helado todavía pese a la inminente llegada de la primavera, pareciera que esta se estaba "retrasando a propósito" pensó Oliver. El aguanieve se escurría por las aceras y era inevitable no prestar atención a la humedad en la ropa y el frio en los calcetines, la calle estaba semi-desierta y ya era tarde, el sol no tardaría demasiado en ocultarse.
El chico, Oliver Harrington era alto, delgado y de cabellos oscuros y estaba sentado en una banca mojada del lado de la acera sobre Broadway Street, su mirada oscura estaba fija en el escurrimiento del hielo sobre la acera, llevaba solamente la camiseta  y aún que la temperatura estaba descendiendo gradualmente, no mostraba indicio alguno de tener frío pese a que solamente llevaba puesta la delgada camiseta de deportes, se mostraba cansado, la gente que pasaba cerca del lugar no parecía poner la menor atención en el chico demente que estaba con una camiseta desmangada pese a la tarde helada de comienzo de primavera, pero él tampoco parecía notar nada, estaba completamente hundido en sus pensamientos, torturándose con fantasías inciertas con respecto a su futuro, a lo que hubiera podido albergar si sus decisiones hubieran sido diferentes a las tomadas hasta ese momento, pensaba en muchas cosas, su cerebro lo torturaba una y otra vez mostrándole destellos de imágenes, unos ojos claros, una piel como la nieve, la chica de cabello castaño danzando debajo de la lluvia, su sonrisa e incluso sus pecas, el calor de su cuerpo recostado sobre él, sus diminutas manos entrelazando las de él, la arena en la playa y el ardiente sol lastimándole los ojos, y ella... ella sobresaliendo del agua como un ángel que emerge de una fuente, ella con sus brazos al rededor de su cuello, ella besando sus labios, ella mordiendo un mechón de su fino cabello castaño mientras él la miraba de reojo sentados frente a frente en una diminuta mesita en una cafetería en Cabo, ella bañada de luz de luna con un vestido blanco con un largo escote en la espalda, ella besando sus labios, él tocando su cuerpo con sus manos con una delicadeza excesiva, ella suspirando sobre su cara mientras las ropas caían al suelo, él y ella fundiéndose en uno mientras la luna y el mas eran su única compañía y guardaban su amor.

Del otro lado de la calle un automóvil se estacionaba sin demasiado cuidado quedando demasiado cerca de un furgoneta, la puerta de abrió de golpe y la chica que bajo del automóvil tuvo que esquivar a otro automóvil que paso junto a ella y estuvo a punto de arrollarle, la chica miro de reojo el lugar y encontró a Oliver con la mirada, abrió de nueva cuenta la portezuela del auto y saco una bufanda larga d color crema, cerro el auto y se apresuro a correr hacia donde el chico; el único ruido en el lugar era el repiqueteo de sus zapatillas altas contra el asfalto. Al llegar junto al chico se deslizo con cuidado enrollando sus brazos alrededor del cuello de este, ella era una chica muy guapa, alta delgada y elegantemente bien vestida con una gabardina Inglesa, Jeans y unas zapatillas de punta con tacones de alrededor de doce centímetros, su piel tenía un toque color dorado que se volvía rojiza tiñendo su nariz y sus pómulos por lo helado del clima, su cabello color chocolate caía en suaves ondas al rededor de sus hombros. Oliver no la miro siquiera al momento en que ella arremetió contra él con un abrazo lleno de fervor, pero el rostro de Oliver carecía de expresión y su mirada se encontraba aun vaga para ese momento.
-Te he estado buscando por horas, recorrí media ciudad y hay otros que aun te está buscando- musito la chica mientras sacaba de un tirón la bufanda y se la enroscaba con suavidad al chico sobre los hombros, él continuaba impasible, absorto y perdido en sus recuerdos, pero las palabras brotaron de sus labios con un susurro de ronca voz - Se fue...-, por primera vez en horas él chico decía unas palabras y su aliento cálido resaltaba como una nubecilla blanca en contraste al frio clima de la ciudad.


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